Querido diario (o querido lector que tropezó con este artículo entre memes y un tutorial de “cómo ser influencer en 3 días sin talento”):

Hace un par de meses, me invitaron a una mesa de discusión sobre la “IA y su impacto en la comunicación”. Traducción: un evento donde tres doctores, un pasante (yo) y 30 personas aburridas (cinco de ellas, los organizadores) intentamos explicar por qué la inteligencia artificial está convirtiendo a los comunicólogos en los nuevos vendedores de enciclopedias. Pero con menos glamour.

Soy egresado de Comunicación, carrera que elegí cuando las Spice Girls enseñaban al mundo que el girl power se escribe con zapatos plataforma y coreografías que hoy harían llorar a un coreógrafo de K-pop. Por si no captas la referencia: en esa época, bailar Popocatépetl de Fey no era un crimen generacional… todavía. Hoy, ver a tu tío intentar el twerk en una boda es razón suficiente para elevar tus visitas a terapia y la duración de las mismas.

En mis tiempos mozos, yo era el ñoño con Internet de 56k (sí, ese sonido que parecía una ballena con hipo). Era el único en la facultad que no dependía de bibliotecas polvorientas. ¿Motivo? Trabajaba después de clases y mi única opción era robarle horas al sueño (y, ocasionalmente, a la ética académica vía Rincón del Vago o La Chuleta.com). Ah, pero qué orgullo: mientras mis compañeros sudaban en fotocopiadoras, yo ya sabía que el futuro era descargar una canción en 8 horas… para luego descubrir que era un zip lleno de virus de computadora.

Fast-forward 27 años: volví a mi facultad, pero esta vez sin patineta y con más canas que cartílago en las rodillas (quien haya visitado la Facultad de Ciencias Políticasa y Sociales de la UNAM sabe a qué me refiero).

La conferencia empezó con un auditorio tan vacío que hasta el eco bostezaba. Entre sorbos de café gratis (el verdadero gancho para atraer millennials y zoomers), intenté explicar por qué la IA no es solo el villano de Terminator, sino también ese compañero de trabajo que te roba el crédito y ni siquiera necesita café.

Mis colegas académicos, hablaban de encontrar la “convivencia y equilibrio armonioso” entre humanos y máquinas. Yo, en cambio, tiré la bomba: la comunicación está en terapia intensiva y nosotros le estamos desconectando el respirador. ¿Culpables? No solo la IA, sino nuestra pereza colectiva. Hoy cualquier app nos hace sentir como Tony Stark, pero sin el traje. O peor: como Thor con una licuadora en vez de martillo.

 

Para 2025, el 30% del contenido corporativo será escrito por IA (Gartner lo confirma), creando un loop de datos más repetitivo que el coro de Popocatépetl.

Hablo de egresados que creen que “investigar” es preguntarle a ChatGPT en voz alta mientras ven TikTok (el 62% de los universitarios ya lo hace, según Stanford). De profesores que corrigen trabajos con la misma pasión que un NPC de Minecraft (el 48% de los docentes en Latam vive estresado, según la OIT). Y de empresas que prefieren despedir a 10 redactores humanos por un bot que escribe 800 artículos en 5 minutos… y hasta incluye faltas de ortografía para sonar más auténtico (OpenAI lo admite en su blog, pero lo pone más bonito al adornarlo con emojis).

El colmo: para 2025, el 30% del contenido corporativo será escrito por IA (Gartner lo confirma), creando un loop de datos más repetitivo que el coro de Popocatépetl. ¿El resultado? Un mundo donde tu nevera te juzga por comer helado a las 3 AM (gracias, Samsung Family Hub) y tu “coach de amor virtual” te manda emojis en vez de abrazos (ejemplo real: Replika).

Y ojo, no soy Nostradamus, pero hasta él se equivocó menos: los medios de comunicación despidieron al 12% de su personal desde 2020 (INEGI lo confirma aquí, tabla 4.1). ¿La solución? Aprende un oficio. Sí, de esos que requieren manos, no prompts. Porque cuando la IA decida que los CEOs somos prescindibles, al menos podrás sobrevivir arreglando sus bugs… o vendiendo café artesanal en Etsy.

¿Optimista? No. ¿Realista? Como el Wi-Fi en 1997. Si quieres debatir, búscame. Pero lleva café. De lo contrario, tu argumento me llegará por ChatGPT.

Posdata rebelde (y verificada):
¿Ejemplos de IA que dan miedo? Butterfly (Forbes la llama “el Photoshop de los vagos”) o herramientas que editan videos como Spielberg… si Spielberg tuviera 12 años y ADHD (CapCut lo admite aquí). Ah, y si piensas que exagero, espera a que tu refrigerador te grite por comer carbohidratos. You’ve been warned.

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One Reply to “IA vs. Comunicación: Cuando la tecnología nos dejó en ‘visto’ (y ni el café gratis salvó la función)”

  1. Dannci says:

    Later this shield staggered up on tripod legs and became the first of the fighting-machines I had seen. The gun he drove had been unlimbered near Horsell, in order to command the sand pits, and its arrival it was that had precipitated the action.

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